El mega proyecto “Stargate Argentina”, impulsado por OpenAI en Neuquén bajo el RIGI, promete modernizar el país con una inversión récord de 25.000 millones de dólares. Sin embargo, la letra chica revela un modelo que canjea soberanía por respaldo financiero extranjero.

Una apuesta tecnológica con sabor a entrega
La llegada de OpenAI a la Patagonia fue presentada por el gobierno de Javier Milei como una muestra de confianza internacional y “futuro innovador”. Sin embargo, el trasfondo político y económico del acuerdo muestra otro rostro: la cesión de control y beneficios a una corporación extranjera en nombre del desarrollo.
El proyecto, bautizado “Stargate Argentina”, contempla la construcción del data center más grande de América Latina, con energía 100 % renovable y capacidad de 500 megavatios. Se estima que requerirá 25.000 millones de dólares en inversión y que será administrado bajo el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), que otorga exenciones fiscales y garantías por 30 años.
Neuquén, elegida por su eficiencia; Tierra del Fuego, descartada por su aislamiento
La provincia de Neuquén fue seleccionada por su infraestructura energética sólida, su red hidroeléctrica y su conectividad en fibra óptica. Por el contrario, Tierra del Fuego quedó excluida del plan debido a su dependencia de un cable submarino y su limitada capacidad eléctrica.
La exclusión generó reclamos entre sectores políticos y sociales del sur, que ven cómo las asimetrías históricas se profundizan: el norte concentra capital, mientras el extremo austral queda rezagado incluso en la economía digital.
El poder detrás del acuerdo
El funcionario estadounidense Chris Lehane, jefe de Asuntos Globales de OpenAI y exasesor del presidente Bill Clinton, mantuvo encuentros clave con representantes del gobierno argentino. No fue una visita protocolar: simboliza la alineación geopolítica de Milei con Washington, en un esquema que subordina la planificación nacional a los intereses del capital tecnológico estadounidense.
Por su parte, Sam Altman, CEO de OpenAI, afirmó que el objetivo es “poner la inteligencia artificial en manos de la gente”. Sin embargo, la letra chica del contrato indica que OpenAI será el comprador exclusivo (offtaker) de toda la potencia computacional producida. Argentina cede energía, suelo y beneficios impositivos, pero no conserva el control de la infraestructura.
De exportar granos a exportar datos
En el siglo XX, Argentina fue granero del mundo. En el XXI, corre el riesgo de convertirse en proveedora de energía digital barata. El país no obtendrá propiedad sobre el software ni sobre la información procesada: exportará capacidad de cómputo, como si fuera un nuevo commodity.
Detrás del discurso oficial que promete “empleos y progreso” se esconde la entrega silenciosa de soberanía tecnológica. Lo que algunos economistas llaman “inversión estratégica” se asemeja más a una forma de neocolonialismo digital, donde el territorio se utiliza como plataforma y los beneficios se repatrían.
El “Stargate argentino” representa, más que un salto al futuro, un espejo incómodo: el país parece aceptar que su rol en el mundo digital es el de un proveedor de condiciones favorables, no el de protagonista del conocimiento.
Mientras se multiplican los discursos de modernidad, el verdadero desafío es político: recuperar la capacidad de decidir sobre los recursos, los datos y el destino nacional.
Porque sin soberanía tecnológica, no hay soberanía posible.
Fuente principal: Agenda Malvinas
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