Luis Caputo estaba parado frente a empresarios en Mendoza pidiéndoles que confiaran en el sistema financiero y metieran sus dólares en los bancos. Mientras hablaba, Citi, JP Morgan, Bank of America, Barclays, Wells Fargo y Morgan Stanley publicaban informes recomendando a sus clientes que redujeran su exposición a Argentina. Los seis al mismo tiempo. El mismo día.

Los seis bancos de inversión más grandes del mundo coincidieron esta semana en lo mismo: las reservas argentinas son un problema serio, el cepo es un riesgo real y quien entró antes en los bonos ya ganó lo que tenía para ganar. El mensaje llegó el mismo día que el ministro de Economía recorría Mendoza pidiendo confianza.

Hubo un momento esta semana que resume bastante bien la situación económica de Argentina. El miércoles 5 de marzo, Luis Caputo estaba parado frente a un auditorio de empresarios en Mendoza, explicando por qué los argentinos deberían confiar en el sistema financiero y depositar sus dólares en los bancos. Al mismo tiempo, del otro lado del mundo, seis de los bancos de inversión más influyentes del planeta —Citi, JP Morgan, Bank of America, Barclays, Wells Fargo y Morgan Stanley— publicaban informes recomendando a sus clientes que redujeran su exposición a Argentina.

No es que estuvieran diciendo que el país va a colapsar mañana. Algunos incluso aclararon que mantienen una visión “constructiva” sobre la deuda argentina en términos generales. Pero el mensaje práctico fue claro: los bonos subieron mucho, quien entró temprano ya capturó las ganancias disponibles, y las condiciones actuales no justifican seguir adentro.

El informe más citado fue el de Bank of America, titulado “Close position in GD35”, que recomienda directamente cerrar posiciones en el bono argentino con vencimiento en 2035. No es una alarma de incendio, pero tampoco es un voto de confianza.

El problema de las reservas que el gobierno no quiere explicar

El Banco Central publica reservas brutas que superan los 46.000 millones de dólares. Es una cifra que el gobierno usa con frecuencia para mostrar solidez. El problema es que esa cifra incluye pasivos: swaps con otros bancos centrales, encajes de depósitos en moneda extranjera y otras obligaciones que, si se descuentan, dejan las reservas netas en terreno negativo, cerca de 15.000 millones de dólares en rojo.

A eso se suma una discusión que circula entre analistas sobre el oro guardado en las reservas. Algunos estiman que hay alrededor de 6.000 millones de dólares en metal cuya ubicación exacta no es pública, lo que agrega otra capa de incertidumbre sobre la real capacidad de fuego del Banco Central.

El segundo punto que marcan los bancos es el cepo cambiario. Mientras Argentina mantenga restricciones al movimiento de capitales, el país seguirá siendo un destino de alto riesgo para los inversores internacionales. Y la condición que ponen para considerar un regreso es, básicamente, que ese cepo se levante. Una exigencia que, vale la pena recordarlo, también formuló Domingo Cavallo —referencia histórica del propio Milei— antes de empezar a mostrarse crítico del programa económico.

El tercer interrogante es el campo. Los productores agropecuarios tienen que liquidar la cosecha gruesa a partir de abril, pero muchos consideran que el tipo de cambio actual está atrasado. Si no liquidan, los dólares no entran. Y si los dólares no entran, el esquema de reservas empeora. Los bancos también señalan que no hay margen fiscal para bajar las retenciones, que es la contrapartida que el sector agropecuario viene exigiendo históricamente para sentarse a hablar.

El contexto global que nadie estaba esperando

Por si fuera poco, esta semana el Tesoro de Estados Unidos anunció medidas orientadas a reducir la liquidez en dólares dentro del sistema financiero internacional. Cuando las condiciones financieras se endurecen desde Washington, los flujos hacia activos de mayor riesgo tienden a caer. Para Argentina, ese impacto potencial es mayor que para otros países emergentes, porque el esquema del gobierno depende de manera considerable del financiamiento externo y del respaldo político de la administración Trump.

Los informes de los bancos también mencionan señales locales preocupantes: el riesgo país subió en los últimos días, más de 22.000 empresas cerraron desde que Milei asumió, hay protestas sociales en curso y las últimas encuestas empiezan a mostrar una erosión en la imagen presidencial.

Lo que Caputo fue a explicar a Mendoza

En el 7° Foro de Inversiones & Negocios de Mendoza, organizado junto al gobierno provincial y el Consejo Empresario Mendocino, Caputo defendió el rumbo económico y apuntó a convencer a quienes todavía tienen dólares fuera del sistema de que los ingresen. “Tienen los dólares en sus casas, perdiendo plata, y el que más pierde es el país”, dijo.

La frase es reveladora. Un gobierno que lleva más de un año insistiendo en que la economía se está recuperando necesita ahora que los ahorristas saquen el dinero de debajo del colchón para generar crédito. El argumento implícito es que sin esos fondos, la recuperación no alcanza.

La herramienta que Caputo presentó para lograrlo es la Ley de Inocencia Fiscal, una iniciativa que busca que quienes tengan fondos no declarados los formalicen adhiriéndose al Régimen de Ganancias Simplificado. El ministro describió que la norma “blinda absolutamente” a quienes lleven esos fondos a bancos o a Agentes de Liquidación y Compensación. Incluso aclaró que algunos bancos estaban “tomándose atribuciones” que la ley no les pide —una forma de decir que las propias entidades financieras no estaban facilitando el proceso.

  • Caputo también intentó anticiparse a los escépticos: “Yo necesito que incorporen esto en sus cabecitas y que desoigan a los que les dicen: ‘No confío porque vienen los otros de vuelta'”, señaló. No fue exactamente el discurso de un ministro que tiene el viento a favor.

El modelo y sus contradicciones

En el mismo evento, Caputo defendió la apertura de importaciones frente a las críticas industriales. “Forzar a que la gente tenga que pagar un neumático cuatro veces lo que vale o una prenda de vestir tres, cinco u ocho veces lo que vale es inmoral, injusto y agresivo”, argumentó. Lo que el ministro no mencionó es que esa apertura ya produjo consecuencias concretas: el mercado se inundó de productos extranjeros más baratos y, en paralelo, más de 22.000 empresas locales cerraron desde que el gobierno asumió.

El cierre de la exposición de Caputo fue optimista: “No hay razón para ser pesimista, tenemos todas las razones para ser optimistas”. Es posible. Pero la sincronización entre ese mensaje y las recomendaciones de salida de los principales bancos de inversión del mundo marca una tensión que los datos, por ahora, no ayudan a resolver.

Lo que queda en el aire es una pregunta que ningún informe de Wall Street responde del todo: si el programa es sólido, ¿por qué el gobierno necesita tanto que los argentinos crean en él? Y si la respuesta es que la confianza es parte del programa, entonces la vulnerabilidad que señalan los bancos no es un detalle técnico. Es el centro del asunto.

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