El gobierno libertario evalúa enviar tropas a un conflicto que no es nuestro. La Casa Rosada admite que si Washington o Jerusalén lo piden, se avanza. Nadie consultó al Congreso. Nadie preguntó al pueblo.

Hay algo que no cierra en la lógica del gobierno de Javier Milei. Mientras más de la mitad de los argentinos no llega a fin de mes, mientras los comedores comunitarios colapsan y el ajuste recae sobre los de siempre, el presidente anda por Estados Unidos hablando en primera persona del plural de una guerra que no es argentina: “Vamos a ganar la guerra”, dijo, refiriéndose al conflicto entre EE.UU., Israel e Irán. No es un lapsus. Es una declaración de política exterior.

Lo que trascendió desde la Casa Rosada esta semana va más allá de la retórica: el gobierno analiza concretamente la posibilidad de enviar tropas argentinas a un eventual ataque terrestre liderado por Estados Unidos e Israel contra Irán. Una fuente de alto rango de la administración libertaria lo confirmó sin rodeos: si llegara un pedido formal desde Washington o Jerusalén, la posibilidad “se consideraría y se avanzaría”. Que por ahora no haya solicitud concreta no tranquiliza demasiado, porque en el mismo círculo oficial admiten que el tema podría estar sobre la mesa en cuestión de días si alguien lo pidiera.

¿Qué tiene que ver la Argentina con esta guerra?

Milei tiene una respuesta preparada para eso. Citó los atentados a la Embajada de Israel, en 1992, y a la AMIA, en 1994, con autoría atribuida a Hezbollah con respaldo iraní, para justificar su posición: “Nos han metido dos bombas, por lo tanto son nuestros enemigos”. El argumento no es nuevo, pero el salto que da el presidente entre ese antecedente y la posibilidad de mandar soldados a una guerra activa en Medio Oriente en 2026 es un salto de fe, no de razón. Son treinta y dos años de distancia, una región completamente distinta a la de entonces y un conflicto con ramificaciones que ningún analista serio puede predecir hoy.

Para los que quieran seguir el hilo, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, aclaró esta semana que la operación militar que comenzó el 28 de febrero “continuará sin límite de tiempo”. Sin límite de tiempo. Eso es lo que Milei está dispuesto a apoyar, y eventualmente a integrar con tropas argentinas, sin que el Congreso haya dicho una sola palabra al respecto.

El fantasma de Menem y los buques en el Golfo

Dentro del propio oficialismo saben que el antecedente existe. Lo citan ellos mismos, entre risas según se filtró: “Menem lo hizo”. Y es verdad. En 1990, el gobierno de Carlos Menem envió el destructor ARA Almirante Brown y la corbeta ARA Spiro al Golfo Pérsico, con unos 450 marinos a bordo, para sumarse al bloqueo naval contra Irak tras la invasión a Kuwait. La decisión se tomó por decreto presidencial, sin pasar por el Congreso Nacional, y generó una polémica institucional que nunca se cerró del todo. Treinta y cinco años después, la misma lógica parece estar de vuelta: el Ejecutivo decide, el Legislativo se entera por los diarios.

La diferencia es que aquella guerra del Golfo tenía un paraguas de legitimidad internacional distinto, con resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y una coalición amplia. El conflicto actual contra Irán no cuenta con ese respaldo. Europa no se sumó. Los aliados del Golfo Pérsico están distanciados. Los países del Pacífico también. Lo que le queda a Trump, básicamente, es el entusiasmo incondicional de unos pocos gobiernos entre los que Milei lleva la delantera con comodidad.

El vocero apaga el incendio, pero el fuego ya está

Las declaraciones presidenciales encendieron alarmas incluso dentro del propio gobierno. Manuel Adorni salió a matizar: Argentina no participaría directamente en la guerra, pero sí mantiene “una alineación filosófica y política” con EE.UU. e Israel frente al régimen iraní. La aclaración no despeja mucho, porque la línea entre “alineación filosófica” y envío de tropas depende, según reconocen en la Casa Rosada, de lo que pida Washington. Y la voluntad de Milei de satisfacer ese pedido parece no tener límite visible.

El problema no es solo geopolítico. Es doméstico. Si el gobierno avanzara en una participación militar, el debate sobre quiénes cargan con los costos de esa decisión sería inevitable. Los sectores populares, que ya sostienen el peso del ajuste, serían los mismos que pondrían los cuerpos en un frente de guerra ajeno. Los que diseñan la política exterior no mandan a sus hijos.

Lo que queda abierto

La guerra contra Irán está activa. El conflicto escala. Trump tiene su propio calendario electoral y sus propias presiones internas. Netanyahu no tiene incentivos para frenar. Y Milei, que llegó al poder prometiendo dinamitar el Estado pero lo usa sin pudor para hacer política exterior de gran potencia con recursos de país endeudado, no parece dispuesto a poner ningún freno por su cuenta.

El Congreso argentino no debatió nada de esto. La sociedad tampoco fue consultada. Lo que hay, por ahora, es un presidente que habla en nombre de todos para una guerra que no eligió nadie más que él.

En Argentina Desigual siempre utilizamos Fuente: Agencia NOVA – 12 de marzo de 2026.Notaoriginal:[agencianova.com](https://www.agencianova.com/nota.asp?n=2026_3_12&id=164967&id_tiponota=4)

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