Esta no fue una recomendación inocente. Javier Milei decidió difundir Defendiendo lo indefendible, un libro del economista estadounidense Walter Block que cuestiona la intervención del Estado incluso frente a prácticas socialmente repudiadas. Publicada en 1976, la obra es un clásico del libertarismo radical y reabre una discusión profunda sobre los límites legales, morales y políticos de una sociedad.

Hay gestos que dicen más que un discurso. Regalar un libro también es una toma de posición. Y el libro que el presidente eligió poner en circulación no deja lugar a dudas desde el título: Defendiendo lo indefendible.La obra fue escrita por Walter Block, economista estadounidense asociado a la Escuela Austríaca y al anarcocapitalismo, y publicada originalmente en 1976. Con el paso del tiempo se convirtió en un texto de referencia dentro del pensamiento libertario más extremo, justamente por llevar una idea hasta sus consecuencias más incómodas.
El eje del libro es tan simple como disruptivo: el Estado no debería prohibir ninguna actividad voluntaria si no existe agresión directa, aun cuando esa práctica genere rechazo moral,
repudio social o esté históricamente tipificada como delito. Block apoya toda su argumentación en el llamado principio de no agresión, un pilar del libertarismo radical que separa de manera tajante lo legal de lo moral.Hasta ahí, podría leerse como una provocación teórica. El problema aparece cuando se observa qué cosas entran en esa categoría de “voluntariedad”.

A lo largo del libro, Block justifica legalmente actividades y conductas que la mayoría de las sociedades consideran inaceptables o directamente dañinas. Entre ellas aparecen la prostitución, el proxenetismo, el narcotráfico, el chantaje, la usura y, en uno de los puntos más polémicos, la violación dentro del matrimonio, abordada desde una lógica contractual que hoy resulta alarmante.
En ese mismo marco, el autor discute incluso la compra y venta de personas y otras prácticas extremas, presentándolas como transacciones de mercado que, bajo su mirada, no deberían ser reguladas por el Estado si existe “consentimiento”.
Ahí es donde la teoría empieza a chocar de frente con la realidad.
Porque hablar de consentimiento sin contexto es ignorar algo central: la desigualdad de poder. En sociedades atravesadas por la pobreza, la violencia y la exclusión, la voluntariedad no es una condición neutral. Cuando una de las partes no tiene alternativas reales, el “acuerdo” deja de ser libre y pasa a ser una forma de supervivencia.
Por eso la circulación de este libro no puede leerse como una curiosidad intelectual. Menos aún cuando quien lo promueve es el presidente de un país con altos niveles de pobreza estructural y vulnerabilidad social.
No se trata de censurar ideas ni de prohibir lecturas. Se trata de entender el mensaje político que se envía cuando desde el poder se reivindican textos que relativizan límites éticos básicos y reducen toda relación humana a una transacción de mercado.
El título del libro es honesto. Defiende lo indefendible.
La pregunta que queda abierta es otra: ¿qué ocurre cuando lo indefendible deja de incomodar y empieza a funcionar como referencia ideológica del Estado?Esa discusión no es académica. Es profundamente política. Y sus consecuencias no se quedan en los libros.
Esa discusión no es académica. Es profundamente política. Y sus consecuencias no se quedan en los libros.
Fuente: Defending the Undefendable (Defendiendo lo indefendible), Walter Block, 1976
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