El presidente designó a Juan Bautista Mahiques como ministro y a Santiago Viola como viceministro. Ambos nombres revelan, con más claridad que cualquier discurso, qué tipo de relación quiere Milei con los tribunales que hoy lo investigan.

El 5 de marzo de 2026, Javier Milei cerró un ciclo y abrió otro. La salida de Mariano Cúneo Libarona del Ministerio de Justicia —que venía siendo anunciada desde noviembre del año pasado— se confirmó con una foto en X, un agradecimiento y la designación de Juan Bautista Mahiques como nuevo ministro. El movimiento pasó casi como un trámite de rutina. No lo es.
Mahiques llega acompañado por Santiago Viola como viceministro y delegado del Poder Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura. Dos nombres, dos historias, un mensaje que los tribunales federales leyeron sin dificultad.
La familia judicial en el sillón del ministerio
Mahiques no es un nombre cualquiera en Comodoro Py. Su padre integra la Cámara Federal de Casación Penal. Uno de sus hermanos es fiscal federal. Otro integra el tribunal de disciplina de la Asociación del Fútbol Argentino. Él mismo fue jefe de todos los fiscales porteños y, durante la presidencia de Mauricio Macri, integró el Consejo de la Magistratura, el organismo que designa y remueve jueces nacionales y federales. En la jerga de los pasillos judiciales, eso no se llama experiencia: se llama red.
Sus vínculos con el poder tampoco son abstractos. En 2022, Mahiques y su padre participaron de un viaje a Lago Escondido junto a fiscales, jueces, funcionarios, un exagente de inteligencia y ejecutivos del Grupo Clarín. Todos fueron investigados por dádivas. El expediente terminó siendo derivado a los tribunales federales de Comodoro Py —el fuero donde históricamente mueren las causas que incomodan al poder— y se cerró en 2023.
Hay otro dato que el gobierno no menciona pero que figura en los registros públicos: al momento de su designación, Mahiques todavía aparece en la página oficial de la AFA como vicerrector de la universidad de esa entidad —una institución que no está autorizada ni regulada por el Estado— y en el portal de la Conmebol figura como miembro de la comisión de ética del fútbol sudamericano. El nuevo responsable de promover la transparencia judicial es, simultáneamente, un alfil del sistema más opaco del deporte regional.
El hombre que planta testigos
Si el nombre de Mahiques genera incomodidad en ciertos despachos, el de Viola genera algo más parecido al estupor.
Santiago Viola, de 38 años, es el apoderado electoral de La Libertad Avanza. Pero su historia más relevante no es partidaria: durante la presidencia de Macri, junto a un funcionario de la entonces Agencia Federal de Inteligencia, orquestó la aparición de dos testigos falsos que dijeron haber visto al juez federal Sebastián Casanello reunirse con Cristina Fernández de Kirchner en la Quinta de Olivos. El objetivo era desplazar a ese juez de una investigación en curso. El operativo se cayó. Los dos testigos —Gabriel Corizzo y Carlos Scozzino— fueron condenados en 2020 a tres años de prisión condicional e inhabilitación absoluta por seis años por falso testimonio agravado. Viola y el exagente de inteligencia salieron indemnes: la Cámara de Casación cerró el expediente a su favor en 2021.
Eso no es todo. Según publicó El País, Viola ofició también como emisario de Karina Milei para sondear acuerdos reservados con los damnificados más díscolos del escándalo $LIBRA y con el exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad, Diego Spagnuolo. En esas gestiones, ofreció “soluciones” a cambio de que todos despegaran a los Milei de los escándalos. En la jerga anglosajona del poder, ese rol tiene nombre: *fixer*.
Ahora ese mismo hombre es viceministro de Justicia y representante del Poder Ejecutivo ante el Consejo de la Magistratura.
Lo que está en juego
El timing de este cambio no es casual. El ministerio que asume Mahiques tiene ante sí una tarea de dimensiones extraordinarias: debe proponer más de 200 candidatos para cubrir las vacantes en juzgados federales y nacionales de todo el país, impulsar nombres para las dos vacantes disponibles en la Corte Suprema, y liderar la negociación por el nuevo procurador general de la Nación. Quien controla esa lista de nombres controla, en la práctica, la composición del Poder Judicial por los próximos años.
Pero hay algo más inmediato. Dos causas pesan hoy sobre el círculo presidencial con particular intensidad. La investigación sobre presuntas irregularidades en la Agencia Nacional de Discapacidad —donde, según la denuncia judicial, fondos destinados a personas con discapacidad, madres con más de siete hijos y mayores de setenta años en situación de pobreza habrían sido desviados en beneficio de proveedores cercanos al poder— tiene entre los mencionados a funcionarios del entorno de Karina Milei y del diputado Eduardo “Lule” Menem, aunque la secretaria general de la Presidencia no está imputada. La otra es el escándalo $LIBRA, que involucra directamente al círculo íntimo del presidente.
Ambas causas tramitan en Comodoro Py. Ambas son sensibles. Y el hombre que ahora gestiona la política judicial del Ejecutivo tiene, en ese fuero, una red de vínculos construida durante décadas.
Un patrón que viene de antes
Este no es el primer movimiento de este tipo. Cuando Milei designó a Cúneo Libarona como su primer ministro de Justicia, no eligió a un jurista de peso ni a un experto en administración judicial: eligió a un abogado conocido por su clientela —que combinaba narcotraficantes y funcionarios convictos— y por sus contactos fluidos en los tribunales federales de Comodoro Py. El mismo fuero que debe investigarlo a él y a su gobierno.
Después vino la propuesta de Ariel Lijo para la Corte Suprema. Las impugnaciones fueron tantas y tan fundadas que Lijo se convirtió en el primer candidato rechazado por el Senado desde el retorno de la democracia en 1983.
Cúneo Libarona, Lijo, Mahiques, Viola. La secuencia no es aleatoria. Es una política.
La interna que define quién manda
Este cambio también dejó al descubierto, una vez más, la guerra sorda dentro del poder libertario. Según consignó El País, detrás del nombramiento de Mahiques hubo una disputa prolongada entre Karina Milei y el asesor Santiago Caputo, que impulsaba al intendente de General Pueyrredón Guillermo Montenegro para el cargo. Ganó la hermana del presidente. Caputo, por segunda vez en pocos meses, se quedó sin el candidato propio.
La señal política hacia adentro del gobierno es tan clara como la que se envió hacia los tribunales: Karina Milei consolida su jefatura, y los funcionarios que orbitan en su entorno saben exactamente de qué lado del mostrador conviene estar.
Lo que queda abierto es la pregunta que el gobierno no responde: si el objetivo declarado es una justicia independiente, ¿por qué cada designación apunta en la dirección contraria? Los nombres elegidos no hablan de reforma. Hablan de custodia
Fuente principal: Hugo Alconada Mon, *El País Argentina*, 5 de marzo de 2026.
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