En silencio y sin dar explicaciones públicas, el gobierno de Javier Milei habría recurrido a un nuevo salvataje financiero de Estados Unidos, confirmando que el plan económico no se sostiene sin deuda externa, ajuste al pueblo y dependencia del poder extranjero.

Mientras el gobierno de Javier Milei insiste en mostrar una imagen de estabilidad económica, un dato clave quedó oculto: Estados Unidos volvió a asistir financieramente a la Argentina, en un movimiento que no fue comunicado oficialmente y que quedó eclipsado por la renuncia de Marcos Lavagna al frente del INDEC.
La advertencia llegó de parte del economista y ex secretario de Finanzas Eduardo Setti, quien calificó la situación como una señal alarmante del fracaso del actual rumbo económico.
“Argentina no acumuló reservas. Si Estados Unidos no pone los dólares, esto explota”, sostuvo.
Más deuda para sostener un modelo que no genera dólares

Según Setti, la asistencia implicaría alrededor de 2.000 millones de dólares, que en el corto plazo se transformarán en 2.100 millones por intereses. En la práctica, se trata de más endeudamiento externo para evitar que el esquema económico colapse.
El economista cuestionó el uso del swap y la intervención en el mercado cambiario para mantener artificialmente el valor del dólar, una estrategia que —según afirmó— profundiza la fragilidad financiera del país.
Lo que se hizo con el swap es una locura”, remarcó.
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Un costo que pagará el pueblo
El economista advirtió que seguir endeudándose y profundizando la dependencia con Estados Unidos no será gratuito. Implica condicionamientos económicos, políticos y sociales que, como siempre, terminan impactando en los sectores más vulnerables.
No hay nada para festejar cuando un gobierno necesita ser rescatado dos veces en menos de un año”, señaló.
Mientras el oficialismo intenta instalar un relato de estabilidad, la realidad muestra un país cada vez más condicionado por la deuda, con menos reservas y con un modelo que solo se sostiene con ayuda externa.
Mientras el poder negocia rescates y deuda, los trabajadores vuelven a pagar la factura de un modelo que no controlaron ni votaron. Se habla de mercados y estabilidad, pero poco del salario que no alcanza, del empleo que peligra y de la dignidad que se erosiona. Cada dólar que se pide prestado compromete el futuro de quienes viven de su trabajo, no de la especulación. Defender a los trabajadores no es un gesto ideológico: es una obligación moral, porque sin justicia social no hay país que resista ni democracia que perdure.
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